lunes, 25 de mayo de 2009

Entre Viña del Mar y Valparaíso.

Avenida Pedro Montt por tus calles anduvimos a la media noche del día Viernes. En la Residencial Blanca, muy cerca de la Plaza de la Victoria, el centro social. Un cuarto de tres camas esperaba una noche llena de apasionantes roces.
En la mañana del día sábado, dirigimos nuestro viaje a Viña del Mar, aunque el trayecto no fue aburrido, pero tampoco impactancte, nos hubiese encantado abordar ese, tan lleno de electricidad, trolebus.
El precioso océano pacífico se acercaba y mi mirada transparente captó de pronto la inmensidad del mar, cubriéndome de paz y tranquilidad. Entre cerros, deslumbraba ese imponente escenario que tan grande hace a algunos artistas y tan pequeños hace a los que no lo son. Quinta Vergara, aunque pequeña te veas, eres un gran pilar para nuestros artistas chilenos y un gran sueño para las nuevas masas de música.
Fabulosas arquitecturas sorprenden mi visión, en donde alojan clubs sociales, los diversos diseños de cada Iglesia, entre otros numerosos monumentos que merecen una profunda mirada.
El estero se acercaba y mi mirada intrusa y ansiosa por conocer se dirigía hacia él. Las miradas de mi novio a mi cara radiante de felicidad me proporcionaban seguridad.
El estero que separa a las clases sociales en Viña del Mar, nos dirigía por un camino hermoso hacia el océano. A lo lejos se apreciaba la vegetación de una plaza, en la que se encontraba un inmenso lugar de juegos, un Casino gigante de preciosa arquitectura que, también es Hotel.
Siguiendo nuestro viaje, aprecié los hoteles en que alojan los artistas de la Quinta, un barco restaurant, un castillo en lo alto de un cerro y otro a la orilla del mar...

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