Mientras tomaba un baño, comencé a recordar muchos acontecimientos, que a pesar de estar grabados en mi memoria, no logro recordar con intensidad, ni claridad.
Debido a esto, ahora escucho música de esos tiempos. Las primeras imágenes que pasan por mi cabeza, involucran a personas, cosas, lugares y situaciones. Sin olvidar el primer recuerdo hermoso de mi vida, un día de verano, ya de noche, en unas escaleras cerca del metro. Luego de interesantes pláticas, un beso en la rodilla contra otro en la frente. Un beso en la mano, contra otro en la mejilla. Un beso en el mentón, contra uno en la nariz, para terminar con un largo beso de nuestros labios. Infinitas pulsaciones en mi corazón, provocaron que todo mi cuerpo temblara como nunca antes. Esa sensación jamás volví a sentirla.
Ahora, imágenes confusas se difunden por mi mente. Una noche de baile, un despertar silencioso, abrumador y consciente. Una dedicatoria preciosa, pero mentirosa.
Un viaje que nunca quise, un regreso esperado y una persona en el andén completamente de negro esperando por mi, que sus primeras palabras al bajar del bus fueron "como andas con short". Un viaje en micro a Peñaflor, algo silencioso, por que el señor vestido de negro leía, mientras yo imaginaba todo lo que ocurriría en casa al llegar. Mi imaginación se hizo polvo al ver a mi padre encerrado ahí, sin ninguna intención de salir. Al reconocer la situación, caí en un profundo sueño debido al cansancio del viaje, en mi pequeño cuarto y en los brazos del señor vestido de negro.
Volvieron los recuerdos nítidos. Una tarde, para el lanzamiento de un libro, todo era diferente. El señor vestido de negro, también ahora de verde, me mataba con su indiferencia. No sabía que ocurría. Cuando intenté darle infinitos besos, me rechazaba. Hasta que lo vi marcharse con un rostro pálido y sin voltear para darme su signo de paz.
Días hablando de juntarnos, para mí en una fecha importante, el señor vestido de negro, asegurando su asistencia, nunca más apareció. Lo esperé durante horas, ya no llegaría, hasta que un amigo encontró las palabras idóneas para lo que ocurría: "es un maricón".
Lo extrañé, lloré y me morí por meses, esperando que apareciera de negro y dijera que habían mil y una explicaciones para hacer lo que hizo.
Gracias al señor vestido de negro, me enseño a no confiar, a no ser vulnerable y a desconocer al inocente que solía ser.
Dedicado, señor de negro. FJFV.
